El Centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino ofrece cursos de cata de vino

Jueves, 4 junio, 2009

<<Una buena cata debe tener tres fases: visual, olfativa y gustativa>>

El arte de saber catar es algo que queda para los sumilleres, que son aquellos entendidos del vino. Al otro lado, la gran mayoría de la gente que bebe vino y tan sólo sabe si está bueno o no, nada de aspectos técnicos. Pero a medida que la Ribera del Duero ha ido creciendo, la gente de esta zona se va haciendo más exquisita y quiere y exige saber todo lo relacionado con el vino.

Fuente: MEPSYD

Fuente: MEPSYD

En el corazón de la Ribera del Duero, concretamente en la localidad de Aranda de Duero, se encuentra un Centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino (CIAVIN) sito en la plaza Mayor del municipio. Este edificio alberga una exposición permanente de vinos de la Denominación de Origen de la Ribera del Duero, y organiza diferentes actos relacionados con la cultura del vino, charlas, conferencias, visitas a bodegas, y el plato fuerte del centro: Curso de Conocimiento y Cata de Vino. Estos cursos se imparten de martes a domingo todos los meses del año, y solo se exige ser mayor de edad, y un pago de 20 euros. Además para que se celebre cada uno de los cursos debe haber un mínimo de cinco personas.

A la cata a la que asisto hay siete personas, cuatro mujeres y tres hombres, tienen ya sus 30 años cumplidos, todos de aspecto juvenil aunque se aprecia cierto grado de madurez. En la entrada del CIAVIN espera Natalia Gil Rivero, que será la persona encargada de dar el curso de iniciación a la cata de vinos. Ella es Ingeniera Agrícola Industrial Alimentaria, realizó sus estudios en Palencia y siempre le ha gustado la rama de los vinos. Lo explica en la breve presentación sobre sí misma para romper el hielo. Pasamos a la sala de catas.

La sala de catas tiene forma rectangular, está compuesta por veintidós mesas individuales que bordean las paredes de la habitación y otro par de hileras enfrentadas en el centro. Natalia invita a la gente a sentarse sin miedo. Cada mesa individual dispone de diferentes elementos: un mantel, blanco  impoluto, en el que hay colocadas cinco copas de vino especiales para catas, un par de servilletas blancas, una escupidera (porque a la hora de catar el vino no es obligatorio beberlo, sino que lo más normal es escupirlo), unos platos con pan y colín (una especie de pan) y un vaso de agua. Lee el resto de esta entrada »

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