TRES historias TRES.
A la clase que pude acceder de bolillos de la Asociación de Encajeras de la Ribera del Duero me interesé por tomar tres voluntarias que me contaran su experiencia personal con esta tradición. A continuación os traslado parte de mi conversación con Inma, Tere y Vega que amablemente dialogaron conmigo para descubrir su relación con esta afición a los bolillos.

Inma Cristóbal con su labor de los bolillos.- EBD
Inma teje poco a poco. Sin prisa pero sin pausa. Muy dispuesta a contar su historia con los bolillos. Se sienta pacientemente conmigo en un lado del aula, y escucha mi discurso tranquilizador de lo que quiero que me cuente, me conoce de toda la vida, pero eso no quita para que imponga un móvil grabando y un chico escribiendo frases sueltas. De fondo continúa el murmullo de las compañeras y el repique de los bolillos.
Se enteró que la actividad de los bolillos había comenzado hace ahora un par de años. Tras dar con las personas que acudían a esta actividad decidió lanzarse a la piscina, “a mí siempre me han gustado estas cosas de los trabajos de manualidades y me apunté“. Aunque lo anecdótico de sus inicios fue que estaba pasando por el momento de dejar de fumar, “los bolillos me ayudaron a dejar de fumar, casi no tenía tiempo de acordarme de coger un pitillo, por lo que me ayudó muchísimo“. El primer día lo recuerda con muchos nervios, “me costaba hasta hacer el hilo de los nervios“.
Dice que por esta zona no hay mucha gente que sepa hacer bolillos, mientras que otras artes de bordar, como el ganchillo sí que saben. Recuerda que al principio “desde la tienda esperaba a ver si veía pasar a alguna compañera para que me echara un cable y así ir mejorando poco a poco“. Reconoce que a día de hoy tiene una experiencia bastante avanzada. Hasta el punto de que sus hijas se están iniciando en este mundillo, “en algunos ratos libres animo a mis hijas a que aprendan. Ya les he regalado hasta el mundillo“.

Teresa Gurrea con su labor de los bolillos.- EBD
Teresa se encuentra en un extremo de la mesa, enfrente de sus compañeras. Está muy concentrada en su labor. A mí me da la sensación que la ha comenzado recientemente, y no parece muy sencillo: es un abanico.
Tere comenzó en los bolillos hace dos años, casi sin querer “primero había apuntado a mi madre, pero ella ya es mayor y lo dejó, entonces quise aprovechar lo que habíamos comprado y aquí estoy“. Los nervios no abandonan a ninguna al comenzar, cuando pregunto sobre el truco, no hay respuesta, “seguimos el patrón, y sobre el dibujo vamos tejiendo“. Tere me cuenta los trabajos que ha realizado: abanicos, pañuelos, puntillas redondas, ligas, a lo que ha dedicado muchas horas “son muchas horas de trabajo. Hay días que te puedes poner una hora y otros no te puedes poner nada, pero son muchas horas“. Confiesa que realizar bolillos le gusta mucho y por eso esta ahí. Para animar a la gente dice que se hacen cosas muy bonitas y además son artesanales, pero además dice que “hacer bolillos requiere mucha concentración porque si piensas en otra cosa te equivocas“.

Vega del Val con su labor de los bolillos.- EBD
Vega se coloca en el extremo contrario que su compañera. Es una de las veteranas, comenzó hace tres años, cuando comenzaron estos cursos en Roa de Duero. Confiesa que siempre le habían llamado la atención los bolillos “yo lo había visto por televisión y tenía mucha ilusión y ganas de aprender de hacer bolillos. En cuanto me enteré que había clases de bolillos me apunté“. Al principio reconoce que también paso muchos nervios “al principio te encuentras muy atada, como que no sabes mover los bolillos, pero con el tiempo te vas familiarizando con ello. Reconozco que es difícil cuando empiezas“. Mientras charla conmigo, deja un poco de lado la labor, pero me cuenta que está haciendo un centro con hojas de guipur “que es una labor muy bonita, y estoy aprendiendo ahora“, dice. Entre otros de sus trabajos se encuentran pañuelos, puntillas para toallas, ligas, y hasta una puntilla para una toalla de bautizo. Respecto a qué le parece a su familia que esté en este actividad, sonríe y dice que están encantados “en casa ya no se extrañan porque siempre me han visto haciendo trabajos de manualidades y estas cosas. Dicen que esto es lo que me faltaba para estar más tiempo ocupado“. Finalmente Vega del Val recomienda esta actividad a aquellas personas que siempre les hayan gustado las cosas de manualidades, y además dice que con los bolillos “consigues relajarte de una manera que pueden pasar las horas sin que te enteres. Es una actividad que necesita tiempo“.